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Árboles en la Oscuridad: Un libro de terror (y circularidad)

¡Hola!

Estoy muy feliz de presentarles a mi hijo favorito. Un día de 2012 escribí un cuento… Hoy, un cúmulo de libros forman una red, titulada “Árboles en la Oscuridad”.

Es un libro muy especial para mí, ya que cada cuento tiene referencias a otro, por lo que se conforma una red donde existen personajes o situaciones recurrentes. Aquí (y en la vida), todos los elementos forman un círculo.

Podrán encontrar historias sobre leyendas urbanas, leyendas antiguas mexicanas, trastornos mentales, vivencias personales y seres de otras dimensiones y planos.

Si quieren conseguirlo, pueden encontrarlo disponible para kindle, o en versión física para toda América o para Europa.

¡Vean esta portada tan genial!

Eso es todo, gracias por compartir conmigo este logro tan grande.

¡Bonita semana!

 

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Pesadilla en el Hotel (Pathbook de terror) – ¡Mi segundo libro ya disponible!

¡Hola!

Luego del fenómeno mediático  que fue “Bandersnatch” de Black Mirror, surgió una iniciativa muy ambiciosa y creativa, por parte de nuestros amigos de Pathbooks. Ellos lanzaron una convocatoria a escritores, para escribir libros con múltiples finales.

Ante algo tan interesante, no pude permitirme no participar. Y ahora, meses después, ¡mi segundo libro está en linea!

Arturo lleva un par de días hospedado en un hotel: fiestas, bebidas y diversión están al alcance de la mano. Sin saber si es producto del alcohol o de algo más, él termina en situaciones y con personas que no hubiera imaginado. Arturo tiene el único objetivo de volver a su cuarto, aunque parece que será un poco más difícil de lo que suena. ¿Qué está pasando en este hotel?

La anécdota de fiesta que se convirtió en libro…

Android: https://play.google.com/store/apps/details?id=com.livingabook.app&fbclid=IwAR12DK4R7WFOFualvFRzPFfNADGl3fkVZHmiH_wkUFqEnwvTs2XZGNETOeY

iOS: https://itunes.apple.com/mx/app/pathbooks-libros-y-decisiones/id1233961624?mt=8&fbclid=IwAR2hsapstg5OCeC1SASRRjbCgsmTsMnUtJjwRWxRDqF6BIgJ8EmZ_JnZOiM

 

Voces (Cuento de Terror)

No se si estén enterados, pero hay una convocatoria de la marca “Rexona” para escritores de cuento. ¿De qué trata? Hay un escritor, Alberto Chimal, el cual te deja un cuento “a medias”, y terminarlo es tu tarea. Los diez mejores serán publicados en un libro y toda la cosa. Yo entré, y me gustaría colocarles aquí el inicio del cuento, para que sepan de que se trata, y mi final… para que me digan que les pareció. Este final es algo de miedo, y espero que lo disfruten…
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VOCES
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Inicio del cuento (por Alberto Chimal): 
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—No te había visto en mucho tiempo —le dije.
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Y era verdad. Bueno, aproximadamente verdad. Lo cierto es que, si bien no nos habíamos encontrado cara a cara, en esos días se le podía encontrar por todas partes: las historias que contaban amigos y desconocidos, las fotos en redes sociales, y hasta algún reporte noticioso por aquí y por allá. Unos meses antes era una persona más: una de millones que habitamos este mundo aburrido y lleno de cosas extrañas que no nos sorprenden en absoluto. Pero ahora…
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— ¡Estás por todas partes! —Continué— Viajas, todo el mundo te ve, todo el mundo habla de ti… No me vas a decir que no te sorprende.
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— ¡Claro que me sorprende! —contestó. En varios aspectos no había cambiado: seguía dando la impresión de que se alegraba al verme, por ejemplo, y creo que se alegraba de verdad— Si hace un año me hubieras dicho que esto iba a pasar…
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— ¿Y qué fue lo que pasó?
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—Me alegra mucho que preguntes —respondió. Estábamos en su departamento, que era el mismo, tan pequeño y desarreglado como siempre. Se levantó, se puso a rebuscar entre muebles y cajas de cartón y regresó con una de ellas. Una caja cúbica, no muy grande ni muy chica.
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No sé por qué, pero pensé que una caja así podía contener muchísimas cosas: un vestido de novia, o una bola de boliche, o una consola de juegos con sus accesorios, o…
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—Todo lo que está pasando se lo debo a lo que está en esta caja —dijo, y la abrió.
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Final del cuento (Por A.E. Bataz)
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Sacó de la caja, otra más pequeña. Era rectangular, negra con rubíes a todo lo ancho. La abrió, y había un cristal amarillento muy pulido, un espejo. Se borró su sonrisa, y comenzó a gritar: – ¡Yo la encontré! ¡Nadie más! ¡Esa caja me quería a mí! ¿Recuerdas la expedición hacia la selva? ¿Esa en la que Héctor, nuestro amigo, nos invitó, pero no pudiste acudir? Bueno, por las noticias, ya sabes que el avión se estrelló y solo yo viví…Bueno, amigo, ¿cómo crees que sobreviví? ¿Por qué es que te llamé?
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– Cuando encontré la caja, no podía abrirla, pero la guardé. Al día siguiente desperté de pie, junto al cuerpo de Ana, mi querida novia, ¡ahorcada! Todos en el campamento tuvimos miedo de que hubiera alguien en el bosque, pero seguimos. Al día siguiente, desperté junto al cuerpo de Héctor, ¡apuñalado! Decidimos regresar a la ciudad, pero… A medio camino la caja se abrió, ¡sola! Vi al espejo, y allí estaba… con las facciones caídas, babeando, llorando sangre, ¡no era yo! Él… Me pedía una sola cosa, me gritaba: “¡Sangre! ¡Sangre!” ¡Nadie más lo escuchaba! Cerré la caja, pero su voz seguía taladrando mis oídos.
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Maté al piloto y el avión cayó. Pero salí ileso, ¡él me había protegido! Ahora da igual, porque la voz me sigue pidiendo sangre, ¡incluso me susurra nombres! Espero que me perdones, querido amigo, pero llevo semanas sin matar a nadie, y la voz hiere, amanezco con marcas, ¡me pide tu nombre! ¡Quiere tu sangre! – Sacó de su abrigo un cuchillo y caminó hacia mí. Yo corrí a la puerta, pero ya estaba cerrada y no podía abrir. Volteé, y sentí un terrible dolor en mi costado. Antes de caer, escuché sus gritos otra vez.
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– ¡Perdón! ¡Solo quiero que se acaben las voces!
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¿Qué opinan? Espero sus sugerencias.
Si quieren, la convocatoria del concurso está en: http://paginas-web-internet.com/apps/home

Sábado por la Tarde (Cuento de Terror)

Estás sentado, o sentada frente a tu computadora, en un acostumbrado rato de ocio. Miras las actualizaciones de tus amigos, revisas tus correos nuevos y no ves más que las mismas cosas de siempre. Algunas imágenes graciosas, publicaciones sin sentido, correo basura, publicidad y demás. Pasan las horas y tu aburrimiento aumenta, así que pones música. Tu música favorita, ¿Algo instrumental, o con vocalista? ¿Algo armonioso, o más bien estruendoso? No se, es tú música favorita, tu decide.
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El sol está cayendo, como puedes ver desde la ventana cercana a la que estás. La luz no es amarilla como durante el día, ni hay oscuridad como en la noche, sino que entra una ligera iluminación rojiza, anaranjada, propia de esa hora del día que no es ni día, ni noche, sino algo más. Necesitas aire, te sientes con cierta pesadez y sofoco, así que abres la ventana de par en par, descubriendo así unas pocas gotas que golpean contra el suelo, los autos, las casas y las personas que van caminando en la calle.
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La llovizna cae, y te abstraes por unos minutos mirándola fijamente, como si nunca lo hubieras hecho antes. La brisa, en comunión con la música, te relaja, poniéndote en un estado de armonía con tu propia persona. Pero la música deja de llamarte la atención, deja de ser importante, así que mejor enciendes el televisor, con ganas de no pensar y seguirte distrayendo, ya que esta tarde precisamente, no tienes nada que hacer y buena falta te hace pasar una tarde y una noche haciendo absolutamente nada.
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Así, cambias de canal una y otra vez, buscando algo lo suficientemente interesante como para perder el tiempo mirando: telenovelas, documentales, caricaturas, películas, deportes… nada te llama la atención. ¿Por qué? ¿Es que deberías estar haciendo otra cosa? ¡Quién sabe! Eliges un canal donde están transmitiendo una película, esa que tantas ganas tenías de ver, pero que por una u otra razón, no habías podido. ¿Es una película romántica? ¿Tal vez una película de acción? ¿Qué actor sale?
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No importa, miras la película con comodidad desde tu sofá, tu cama, o donde te sientes mejor, cada vez con más atención en la trama, hasta que dejas de notar todo a tu alrededor. De pronto, se corta la película, pero no por comerciales como suele suceder, sino que aparece el presentador de noticias que normalmente vez, se le ve algo alarmado y comienza a hablar: –Interrumpimos la programación por un anuncio importante. – El presentador explica que un reconocido asesino serial norteamericano escapó de la prisión Estatal de California, huyendo con rapidez y habilidad a México.
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Aparentemente, el quiere ir cada vez más al sur, tal vez para desaparecer en algún punto de Centro o Sudamérica, pero no tiene dinero, así que va a paso lento por todo el país. Ahora viene lo importante: la última vez que alguien lo vio, reconociéndolo por fotografías brindadas por la policía Americana, fue en la zona centro del país, y más precisamente, a un par de calles del lugar en que te encuentras en este momento, mientras mirabas esa película. Y el problema no era ese, sino algo aun peor.
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Según los psiquiatras de la prisión en que estaba, el asesino tenía fuertes trastornos mentales que apenas eran tratables incluso con medicamentos, por lo que en cualquier momento podría volver a matar sin importarle el riesgo de ser capturado. En cualquier momento… La transmisión extraordinaria termina con una fuerte sugerencia de no salir al anochecer, y la película que estabas mirando continua, pero ya no logras prestarle atención como antes. ¡Un brutal asesino prófugo, probablemente paseándose por tu colonia!
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Ese pensamiento no te deja en paz, pero sigues intentando forzarte a terminar de mirar la televisión por un par de horas más. Por una u otra razón, te encuentras en soledad en tu casa. Todos los demás están fuera; tal vez en una fiesta, tal vez en casa de algún pariente o amigo, tal vez de vacaciones en algún lugar. Pero la soledad te asusta, así que llamas a alguien, para poder así pasar el tiempo y despejar la mente, pensar en otra cosa. ¿A quién llamas? ¿Un amigo? ¿Un pariente? ¿Tal vez a tu pareja?
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No se, pero tomas el teléfono y le pides a esa persona que venga a tu casa a pasar la noche perdiendo el tiempo, a lo que responde afirmativamente, pues te escucha algo mal, y piensa que te hará bien la compañía. Puede que normalmente no seas de las personas que se asustan con facilidad, pero esta noticia…tiene algo especial, algo que de verdad te causa nerviosismo y no te deja pensar en paz. Si, cuando llegue la persona que invitaste, te sentirás mucho mejor. Mucho, mucho mejor.
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Pasa un rato, hasta que te das cuenta de algo importante: ya anocheció, y tu luz está prendida. Si hay alguien buscando una presa ahí fuera, tal vez esa luz le haya llamado la atención. No, no puede ser. Sin embargo, apagas las luces de tu casa y te encierras en tu cuarto. Solo entonces descubres algo peor: llamaste a alguien para que fuera a tu casa, de noche, con un asesino rondando la colonia. ¿Qué hiciste? Llamas a su celular. La otra persona contesta, diciéndote que ya está a dos calles de distancia, pero que pasará a una tienda a comprar botanas para pasar la noche, que no te preocupes.
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Tu te relajas y vuelves a encender la luz, poniendo un poco de música relajante para calmar esos nervios, que tan alterados se encuentran en este momento. Pasan los minutos, veinte para ser precisos, y tu invitado no llega. ¿Qué habrá pasado? Tal vez las tiendas estaban cerradas, tal vez mintió al decir que ya estaba cerca y apenas iba saliendo de su casa… cualquier cosa puede estar pasando. Cualquiera. ¿Y si…? Vuelves a llamar. Suena, suena, suena, pero no contesta. Te alarmas y vuelves a llamar.
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Nadie contesta, así que mandas un mensaje de texto: “¿Dónde vienes? ¿Todo bien?” A los pocos minutos llega una respuesta: “Todo bien, ya llegué. Ábreme.” Esa respuesta, dentro de todos tus nervios y alarmas, te causa cierta paz, así que rápidamente vas a la puerta de la entrada, para así abrir y poder estar en compañía de alguien más durante esa noche tan extraña, tan oscura, tan aterradora. En ese momento, tú agarras la manija de la puerta con toda la disposición de abrirla, pero pronto un pensamiento pasa por tu mente y la inunda. La respuesta que te envió fue algo extraña, ¿no?
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¿Por qué no respondió las llamadas, pero si el mensaje con tanta rapidez? Tal vez lo mejor sería no abrir la puerta… Dices en voz alta: – ¿Estás ahí? – para saber si realmente quien invitaste se encontraba del otro lado. Pero no hay respuesta, o más bien, no escuchas su voz. Se oyen tres golpes secos y fuertes en la puerta, seguidos de un quejido que parece ser de dolor, pero no puedes saber a ciencia cierta. No puedes evitar dudar de quien está afuera de tu casa. Vuelves a preguntar: – ¿Quién es? – y la respuesta es la misma, tres golpes fuertes contra la puerta de tu casa.
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Algo no andaba bien. Pero afortunadamente, la puerta tiene una mirilla, por la que podrías ver al otro lado sin exponerte a nada. Te acercas a la puerta y miras por el pequeño orificio. Puedes ver a esa persona que invitaste, pero solo puedes ver su rostro por lo pequeño de la mirilla. Se ve con algo de miedo, tal vez también se encontraba de nervios por la noticia de la televisión. También tiene algo de palidez, como si tuviera tanto miedo que se quedó sin habla y por eso no podía responder con palabras. Con eso en mente, abres la puerta, y lo que puedes observar es lo siguiente:
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Ves fijamente el rostro de tu invitado, o más bien… la cabeza cortada de tu invitado. El rostro está pálido, pues está muerto. Se le ve asustado, pues con esa emoción fue que murió. Un hombre, de unos dos metros de alto estaba colocando la cabeza frente a la mirilla, y puedes ver su rostro. Una amplia sonrisa siniestra se dibuja en su rostro y sus facciones, afiladas como cuchillos apuntan hacia ti. Puedes ver un hilo de saliva cayendo de sus labios, como si de un perro hambriento se tratara.
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Trae puesta una gruesa chamarra de color amarillo pálido, teñida de una delgada línea de sangre que va de costado a costado, y cuando logras observar con más detenimiento, puedes ver a tres pasos de distancia, detrás de él, a un cuerpo sin cabeza, yaciendo sobre un espeso y grande charco de sangre. Tienes miedo, pero no puedes moverte. El hombre te ve fijamente, lleno de sed y rabia, y saca de su chamarra un puñal ya lleno de sangre. Tu cuerpo reacciona, pero ya es demasiado tarde. Das tres pasos, hasta que el dolor lacerante en tu costado hace que caigas de rodillas al suelo.
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Tus ojos aun no se cierran, y puedes ver al hombre parándose frente a ti, primero sonriendo, luego emitiendo una risa silenciosa que cada vez se vuelve más y más fuerte. Atraviesa con su cuchillo una y otra vez tu cuerpo, mientras tú piensas una multitud de cosas y recuerdas a una multitud aun mayor de personas. El hombre termina de apuñalarte, y con una amplia sonrisa, se aleja caminando y tarareando una canción. Segundos después, escuchas una sirena acercarse, y una patrulla policiaca se estaciona cerca de ti.
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Tal vez tú gritaste sin darte cuenta, tal vez tu invitado gritó y no escuchaste, tal vez un vecino miró algo y llamó a la policía. Pero como sea, nada de eso importa. El asesino se había ido, y tú estás muriendo. Piensas: “Llegan tarde”. Mientras escuchas los pasos de tres uniformados acercándose a ti, y tus ojos por fin, terminan de cerrarse. Por si te importa saber, el asesino volvió a la prisión de la que salió, y fue condenado a la inyección letal. Espero que eso te ayude para sentirte mejor con el hecho de que… bueno, ya no estás con vida.
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PD: La verdad no supe como adaptar el hecho de que el asesino estaba en el centro de México, para que se pudiera leer de manera más “universal”. Si alguien pudiera ayudarme con eso, sería épico. ¡Buenas noches!